Pedro Sánchez llama a las empresas a mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores y a defender la democracia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha participado en el Foro Económico Mundial de Davos, donde ha mantenido una intensa agenda de reuniones bilaterales con algunas de las empresas más representativas de los sectores tecnológico, energético y sanitario. Al final de la jornada, ha pronunciado su discurso central ante el Foro.

El presidente ha manifestado en su intervención la necesidad de crear un nuevo paradigma de prosperidad diferente al promovido por las políticas neoliberales «que se han demostrado que no funcionan». Para lograrlo, es indispensable contar con la ayuda de las empresas, a las que ha calificado de «esenciales para el crecimiento y bienestar de un país». El presidente Sánchez ha puesto en el foco la necesaria colaboración público-privada para asegurar la prosperidad de «aquellas clases medias y trabajadoras que no siempre se han beneficiado de las transformaciones económicas de las últimas décadas».

Una traición, ha explicado el presidente, que es el germen del auge de la extrema derecha, y pide a las empresas que «no se dejen llevar por esa ola reaccionaria» y se impliquen para ayudar a elevar el poder adquisitivo de los trabajadores, frenar la emergencia climática y defender la democracia. «En definitiva: ayúdennos a dar a la gente una vida mejor» ha dicho Sánchez.

Una nueva ortodoxia económica y social que debe partir de los conocimientos y herramientas que favorezcan «conjugar el crecimiento económico con la sostenibilidad medioambiental y la prosperidad para todos y todas».

A este respecto, el presidente del Gobierno ha defendido el ejemplo de España como modelo que «ha demostrado que es posible fortalecer el estado de bienestar y al mismo tiempo apuntalar su sostenibilidad». Sánchez ha expuesto que crear riqueza y mejorar las condiciones de la clase trabajadora no son incompatibles y que para seguir este camino hacia una «nueva prosperidad» es esencial contar con el apoyo de las empresas y del desarrollo de nuevas tecnologías.

En este sentido, la Inteligencia Artificial «será buena, necesaria y nos hará la vida mejor», ha dicho el presidente del Gobierno, «pero esto no nos debe hacer ignorar sus amenazas». Por ello, ha pedido una regulación global, una gobernanza de mínimos que proteja los derechos fundamentales de los ciudadanos y haga frente a «los ciberataques, los deep fakes y las mentiras tóxicas que amenazan nuestras democracias». Unos peligros, ha dicho, que intuye la propia sociedad y que se han transformado en temores a los que hay que prestar más atención en detrimento de «las promesas vacías de algunos gurús de Silicon Valley, que están más interesados en ganar seguidores o escalar en la lista de millonarios de Forbes que en el verdadero progreso de la humanidad». Porque según ha desarrollado el presidente, «los que aprendimos a no creer en la mano invisible del mercado, no podemos profesar ahora una fe ciega en la mano invisible de la Inteligencia Artificial».

Dentro de la necesaria regulación de la IA, Pedro Sánchez ha querido también reafirmar el papel protagonista que España busca en la actual revolución industrial. «Hemos lanzado un plan estratégico con más de 12.500 millones de euros para fomentar la fabricación de semiconductores». Y que las condiciones de talento, energía limpia y estabilidad hacen de España «un paraíso para aquellas empresas que quieren prosperar a través de la innovación».

Durante su intervención, el presidente del Gobierno ha recalcado también el compromiso de España con la solidaridad internacional y el multilateralismo. Los principios de un sistema que hoy está amenazado por «aquellos que promueven la fragmentación, la intimidación o el uso de la fuerza para imponer sus intereses» y ha señalado a la guerra de Ucrania como el mayor ejemplo de inestabilidad para el orden internacional. También ha tenido presente el conflicto en Siria que «solo este año ha arrebatado 4.000 vidas». Sin olvidar el más reciente; Gaza, «donde en tan solo cien días 24.000 personas han muerto» ha manifestado.

El presidente ha querido enfatizar el derecho de Israel a defenderse del «vil y monstruoso ataque terrorista» de Hamás, pero ha demandado, a su vez, respeto al derecho humanitario internacional. Por ello, ha reiterado la necesidad de un alto al fuego inmediato y la convocatoria de una conferencia de paz para poner en marcha una solución definitiva que pase por el reconocimiento de la existencia de dos estados, Israel y Palestina, para que convivan en paz y seguridad.

Un conflicto, además, con implicaciones en la seguridad de las cadenas mundiales de suministro. «Se trata del comercio, la prosperidad y la estabilidad de todo Oriente Medio; en definitiva, la continuidad del orden multilateral» ha advertido.

El presidente del Gobierno ha podido también trasladar esta visión a las figuras más influyentes en los asuntos de Oriente Medio en el marco del Encuentro Informal de Líderes Económicos Mundiales (IGWEL, por sus siglas en inglés) moderado por el Presidente del Foro Económico Mundial, el noruego Børge Brende.

En este encuentro a puerta cerrada, ha recalcado también que España es un país firmemente comprometido con la paz, seguridad y prosperidad internacional.

El presidente del Gobierno ha desarrollado una intensa agenda durante su estancia en Davos, con reuniones con los CEOs de algunas de las principales empresas tecnológicas del mundo, como Intel y Cisco, con los que ha puesto en valor el plan estratégico de España para impulsar la fabricación de semiconductores. Asimismo, el presidente del Gobierno también se ha reunido con el CEO de Siemens Energy, además de con los CEOs de Fujitsu y de la farmacéutica Sanofi.

A lo largo de su jornada, el presidente del Gobierno ha mantenido un encuentro con Bill Gates, fundador de Microsoft e importante filántropo y activista en la lucha contra las enfermedades y el cambio climático, con quien se ha emplazado a seguir trabajando conjuntamente a través de la Fundación Gates.

El presidente del Gobierno ha completado su programa en el Foro Económico Mundial con una reunión informal con los representantes de las grandes empresas españolas presentes en Davos, con el objetivo de intercambiar impresiones sobre las cuestiones relativas a la marcha de la economía mundial, los desafíos tecnológicos y las perspectivas de negocio, un tradicional encuentro que se ha repetido en ediciones anteriores.

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