Lara Garlito: Manifiesto contra la tristeza

Decía el filósofo Voltaire que la felicidad se basaba en la libertad, la razón y el conocimiento. Según el pensador, la felicidad se alcanza cuando uno vive en libertad y puede perseguir sus metas sin represiones externas. De ese pensamiento arranca la chispa que dio como resultado los movimientos pro-derechos civiles, los partidos políticos y, en definitiva, la corriente que consiguió que la Humanidad por primera vez fuera capaz de ser consciente que era dueña de sus actos y, por lo tanto, había que intentar preservarla desde el reconocimiento de los Derechos Humanos.

Son innumerables los estudios que apuntan que la sociedad actual vive un momento de tristeza casi epidémica, según un estudio de la Fundación Mutua Madrileña de julio de este año más del 60% de los españoles se sentía triste, en especial las y los jóvenes y las mujeres. Seguro que las causas son variadas, pero el vacío anímico que la pandemia dejó tras de sí aún no se ha llenado.

Extremadura es una región que se curtió históricamente en el dolor y la miseria producida por siglos de abandono. Los últimos 45 años han sido, sin duda, el mejor momento de su historia, adquiriendo identidad propia, siendo dueña de su destino y capitana de su presente. Podría citar innumerables hitos de nuestra victoria contra el sino de la historia, pero el mayor hito del que nos podemos considerar infinitamente satisfechos ha sido la erradicación del analfabetismo. En el año 1983 el 80% de los extremeños y extremeñas no sabían ni leer ni escribir, llegando al 95% en el caso de las mujeres, 40 años después solo hay un 2% de personas en esa situación.

Esa alfabetización fue la puerta de entrada a la era más feliz de nuestros pueblos, la gente comenzó a sentirse libre y, con ello, consolidaron una época de estabilidad y progreso como nunca antes se había visto, pensando que su futuro sería mejor que su pasado.

Yo quiero reivindicar la búsqueda de la felicidad colectiva como herramienta de transformación y evolución humana, esa debe ser la primera regla de toda política y de todo político. El pasado 2 de noviembre supimos de la aprobación del PERTE de 382 millones de euros que el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del gobierno liderado por Pedro Sánchez había adjudicado a la gigafactoría de baterías eléctricas en Navalmoral de la Mata. La mayor inversión pública para una empresa que se ha realizado en Extremadura es fruto de un luchador, de alguien que invirtió tiempo, esfuerzo y sacrificio en torno a un proyecto que revolucionará Extremadura, un proyecto industrial que traerá muchas alegrías. Ese luchador es Guillermo Fernández Vara, cuyo legado encarna la filosofía de Honore de Balzac, quien decía que toda felicidad depende del coraje y el trabajo.

Mientras tanto enfrente encontramos la tristeza de quien solo sonríe cuando cree tener el poder bajo su mando, sin saber qué hacer con él. Decía un anuncio de neumáticos que la potencia sin control no sirve de nada, y yo con permiso de sus publicistas añadiría: y las y los políticos sin una ilusión compartida tampoco.

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