Blanca Martín: Todavía no entienden lo que es el feminismo

Suelo encender la televisión cuando tengo que planchar mi ropa. No es una cuestión baladí entretenerme con auténticas barbaridades que se siguen diciendo desde la ignorancia, la ingenuidad o la desinformación, acerca de las mujeres, nuestros derechos, nuestras reivindicaciones y nuestra forma de resistir a los ataques de casposos que aún creen que somos un “colectivo”.

No hay día en el que no aparezca en la caja boba uno que diga “no soy machista ni feminista” o que se pregunte qué pasa con los derechos de los hombres, o alguno que aún va más allá y se lamenta por los hombres maltratados o por aquellos que injustamente, ante una denuncia de nada -dicen- son encerrados y sin la posibilidad de ver a sus hijos.

Primero me gustaría volver a aclarar que mientras el feminismo es la ideología por la cual defendemos que las mujeres y los hombres somos iguales, el machismo es la ideología que defiende la supremacía de unos sobre otras. En materia de denuncias falsas, quiero recordar, si la memoria no me falla, que en los últimos doce años ha habido 1.8 millones de denuncias por violencia machista de las cuales, el promedio de falsedad entre los años 2009 y 2021 es del 0,0084%.

Aunque todavía no lo entiendan y hagan un daño irreparable desde esos espacios de entretenimiento envenenado, cualquier hombre o mujer que reconozca la igualdad y la plena humanidad, como decía Gloria Steinem, es feminista.

Por el contrario, el machismo, en palabras de Eduardo Galeano, es el miedo de los hombres a las mujeres que no tienen miedo. Y avanzo: cualquier cosa les amenaza, el cuerpo desnudo, una palabra que se quiere banalizar para hacerla diluir, una forma de vestir, una manera de hablar, un libro, una película. Cualquier cosa que huela a libertad hace que el machismo se revuelva y por ello el arte es tan importante.

La canción Zorra, de Nebulossa, levantó de sus sarcófagos a todos los muertos vivientes del patriarcado y fue, parece mentira, tema de debate y rechazo por parte de la docta academia patriarcal. Si en su día, el “marica” comenzó a usarse dentro del colectivo, fue para banalizarlo y quitarle la agresividad con la que señala el homófobo. Lo mismo ocurre con Zorra.

Que todavía, en nuestra España del 2024 haya gente que no lo entienda, significa que nos queda mucho trabajo en materia de tolerancia a la libertad de expresión. No olvidemos que el arte es esencial porque subvierte y transforma conciencias y en ese camino marchamos, paso a paso, con cada vez menos techos de cristal, con aspiraciones pedagógicas y mucha paciencia ante una caverna que aún ruge patriarcado.

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